El 24 de octubre de 2006, la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), otorgó al Dr. Guy Brousseau, profesor emérito de Universidad en el IUFM de Aquitania, el título de Doctor Honoris Causa.
A continuación el discurso del Dr. Brousseau al recibir la distinción:
"Autoridades de la Universidad, distinguidos invitados, queridos colegas y queridos amigos,
gracias por recibirme.
Enseñar a la generación siguiente en forma de conocimientos, el fruto de la experiencia de las generaciones precedentes es sin ninguna duda la propiedad más antigua y específica de la especie humana. Cada uno de sus miembros aprendió de otro casi todo lo que sabe y enseñó una parte, modificada por su propia experiencia. De modo tal que es también natural admitir que cada uno conoce algo del arte de enseñar así como reconocer que está dotado de razonamiento. Por ello, el estudio científico de un arte tan familiar pareció durante mucho tiempo sin objeto o por lo menos sin utilidad.
Por otra parte, la especie humana obtuvo esta preciosa propiedad por medio de una conjunción de posibilidades fisiológicas y culturales de tal variedad que su estudio aparece como uno de los desafíos más complejo y más audaz que el conocimiento científico se planteó. Cada dominio de saber puede pretender legítimamente iluminar el estudio de este arte de algún modo.
Banalidad y complejidad explican el retraso y las dificultades del desarrollo de la didáctica, definida como ciencia de las condiciones de la enseñanza de los conocimientos útiles a los hombres y a sus instituciones.
Comenio (1632) estableció con el nombre "didáctica", las bases de una escuela humanista, donde se proponía el desarrollo de la cualidad propia del hombre en lugar de -solamente- un adiestramiento profesional o una preparación en funciones sociales definidas. Esta escuela era la misma para todas las condiciones socioculturales y para los dos sexos, y su método pretendía ser adecuado para las lenguas, las artes y las ciencias. Durante más de tres siglos, se constituyó así en la fuente de desarrollo de nuestras sociedades a través de la difusión de los conocimientos.
Pero en el siglo XX, la independencia entre el saber y el método de enseñanza -principio todavía válido en la formación de los profesores- muestra sus límites. Cada conocimiento científico nace históricamente en condiciones diferentes, específicas y que se integran a ese conocimiento. Para mejorar el aprendizaje de una cantidad mayor de alumnos, es necesario organizar las condiciones apropiadas -es decir, las situaciones- que produzcan un efecto similar.
Método y materia son consustanciales. Así, en matemáticas, ciertas actividades como interrogar un enunciado transformándolo en un problema, o reorganizar un conjunto de enunciados para facilitar su comunicación, su verificación y uso, son actividades de naturaleza tanto didáctica como matemática. La reflexión didáctica, en el marco de la teoría de las situaciones, empieza con un trabajo matemático y epistemológico.
Por el contrario, en la presentación estándar, gran parte de las condiciones que permitieron la emergencia de los conocimientos y que acompañan su funcionamiento han sido borradas. Estrictamente deductiva, y por eso casi enteramente reducida a razones lógicas, esa presentación ya didáctica oculta las razones matemáticas ligadas al sentido, y a consideraciones como el uso, o la economía de pensamiento, es decir a las situaciones que condicionan su existencia.
Estas consideraciones están en la base de mi enfoque de la didáctica de la matemática por medio de un estudio teórico y experimental de las situaciones -matemáticas y didácticas- que los caracterizan.
Pero mi presencia hoy ante Uds., es en realidad el resultado del trabajo de un gran número de personas, maestros, profesores, estudiantes e investigadores del COREM y de otros laboratorios, matemáticos, didactas o no, psicólogos, pedagogos...
De modo que el título que Uds. me otorgan reconoce y recompesa a todas esas personas, algunos miembros de esta Universidad. Me arriesgo a afirmar que la razón principal de mi presencia entre ustedes es que compartimos la ambición de hacer de la didáctica de las matemáticas una ciencia útil a la educación.
Es por eso, Señor Rector, Señoras y señores decanos, queridos colegas y amigos, que quiero expresar el orgullo de ser admitido entre los doctores Honoris Causa de esta Universidad conocida por su exigencia y calidad académica, y también mi gratitud hacia quienes me invitaron."
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