Igualdad de género en el ámbito académico-científico: Maite Rodigou Nocetti en FAMAF

El 29 de junio el Espacio Interclaustro de Género, constituido desde mediados del año pasado a través de reuniones e intervenciones institucionales, inauguró su reciente conformación como Comisión de géneros y diversidad con la realización de una Charla-Debate protagonizada por la Magister Maite Rodigou Nocetti.

Situaciones

La charla comenzó con una intervención de los propios organizadores que, distribuidos en el auditorio Enrique Gaviola, fueron levantándose de sus asientos, de a uno, para ejemplificar las desigualdades con situaciones que se vivencian cotidianamente. Una becaria relegada al rol de servir café o tomar notas; la falta de un lactario que obliga a alimentar a los lactantes en sitios como por ejemplo un baño; los fuertes prejuicios sobre los roles naturales y diferenciados que deben cumplir hombres y mujeres en relación a sus hijos; la propia formulación de los ejercicios al interior de cada cátedra, siempre centrados en hombres; la escasa inclusión de la población trans en todos los claustros. Situaciones que, con diferente intensidad y variado nivel de explicitación, reflejan estructuras de dominación  de las cuales no somos del todo conscientes pero sobre las que, sin duda, instancias como la propuesta del Espacio de Género permiten evidenciar.

Utilizando la intervención inicial como disparador, Maite Rodigou Nocetti comenzó a exponer algunas aristas de la investigación que desembocó en el libro Trabajar en la Universidad (Des)Igualdades de Género por Transformar, presentado en abril del año 2012 en la UNC y que la transformaron en un referente en la cuestión de género a nivel nacional (en la actualidad se desempeña como coordinadora del Área de Feminismos, Género y Sexualidades de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC).

División social del trabajo, división sexual del trabajo

“Cuando hablamos de género hablamos de un sistema social, un sistema sexógenero, que atraviesa instituciones, prácticas, normas y símbolos culturales” abrió la charla Maite Rodigou Nocetti y orientó de este modo la mirada hacia estructuras sociales ya generizadas que modelan las posibilidades de ingreso a determinados campos laborales: “estas actividades ya nos están esperando de alguna manera, y de esta forma vamos ingresando a ellas”. En este sentido, expresó, es preciso, previo a cualquier análisis más específico, considerar la dimensión sexual de la división del trabajo como anterior a la división social.

Ya dentro de los principios de división sexual del trabajo, se puede identificar como elemento unificador el tema de la reproducción. Las mujeres, históricamente, han sido recluidas al ámbito de la reproducción más que a la producción: la reproducción de nuevos sujetos humanos (parir y criar), la socialización de estos nuevos seres (reproducción de sujetos de/a una cultura), y la reproducción cotidiana en términos de alimentación, higiene, vestimenta.

El campo académico, como campo laboral de mayor complejidad en el que se da la producción de profesionales e investigadores a través de la enseñanza así como también la producción científica en sí misma, no se sustrae a estos principios de estructuración.

Formas sutiles de exclusión

En función de la división sexual del trabajo, entonces, se generan ciertos ámbitos laborales que “aparecen más claramente pertinentes o adecuadas a un género o a otro”. De esta forma  coexisten formas de aliento y desaliento hacia determinadas ocupaciones. La modalidad de aparición de desigualdades es lo que la antropóloga Marcela Lagarde denomina “formas sutiles de exclusión”, que son prácticas que, en el marco de cada institución, edifican “barreras”. Esto se evidencia en aquellas ocupaciones o territorios laborales en los que se desalienta la incorporación o permanencia, de acuerdo al género, a través de dichas barreras o “normas no explícitas”.

Hasta aquí, la delimitación de una lógica previa que determina en parte la estructura de un ámbito (el sistema sexogénero y su división sexual del trabajo), la existencia de territorios adecuados, y la presencia de formas sutiles de exclusión que se traducen en barreras al interior de dicho territorio y expresan las desigualdades de género.

En el campo

La investigación realizada por la Magister trabajó sobre la “percepción de las personas respecto de cómo transitan sus trayectorias laborales”. Con esa información, lograr comprender aquellas formas sutiles de exclusión.

A partir de los resultados obtenidos a través de una encuesta online, habiendo constituido una muestra representativa dentro de la UNC, se “logró distinguir cinco grupos, dos de ellos mayoritarios”. El primero fue denominado Haciendo Equilibrio constituido por “docentes que estaban en pareja, que transitaban bastante tensionados entre sus vidas familiares y la actividad académica”. El segundo, denominado Transitando sin Conflictos, integrado por docentes e investigadores de mayor edad “con cargos jerárquicos dentro de la escala docente y que, si bien tenían familias, esas actividades no estaban dentro de sus preocupaciones cotidianas”. Si bien el primero permitió identificar, cosa que también sería refrendada en la posterior etapa cualitativa de grupos de discusión, las “barreras” que evidenciaban desigualdades de género, el estudio sobre el grupo Transitando Sin Conflictos fue productivo en cuanto a la identificación y posterior exploración de aquello que puede denominarse como “un velo de igualdad”.

Velo de igualdad: meritocracia y desigualdades

La realización de mesas de discusión, en el marco de la investigación que dio lugar al libro, permitió conjeturar una práctica discursiva exitosa a la hora de encubrir las desigualdades de base. Se pudo identificar una “visión meritocrática, que ha sido muy estudiada como un fenómeno de las mujeres, bajo un velo de igualdad. Como les ha costado tanto, lo plantean como mérito propio y que todas podrían hacerlo si quisieran. Es no poder mirar el plano de la desigualdad de género por lo cual reproducen en sus accionares, desde sus cargos jerárquicos, esas mismas desigualdades. Eso es algo que en general lo podemos ver en los campos laborales, sobretodo cuando se ha dado en territorios más complejos”.

Cómo modificar lo que hay que modificar

La desigualdad de género es la matriz sobre la que se monta un grupo de prácticas. Desde las más evidentes (violencia de género, algunos tipos de acoso laboral) hasta las menos identificables (determinados discursos que nos transforman en “sujetos degajados, autónomos”). Resulta difícil visualizar las lógicas que estructuran los territorios, esos sustratos de desigualdades que construyen una realidad determinada. Y más aún, desbaratarlas. Se trata de representaciones y prácticas hechas cuerpo y que exceden el ámbito, incluso, de la propia institución. Pero sin duda, la Ciencia Social permite ir ganando terreno sobre lo naturalizado.

La investigación que realizó la Magister, junto a  Paola Blanes, Jacinta Burijovich y Alejandra Domínguez, permitió explicitar todo un abanico de arbitrariedades, exclusiones e inequidades de cuyo análisis surgieron una serie de propuestas concretas. Fue el puntapié inicial para la Defensoría de la Comunidad Universitaria, y para la reforma del régimen de licencias consagrado en la Ordenanza 02/2011. Pero fue también una flecha arrojada al horizonte cuyo blanco no se ha alcanzado aún. En nuestra propia Facultad, tan marcada por la noción del prestigio académico/científico/tecnológico, queda camino por recorrer.

En un momento de la charla Maite Rodigou Nocetti comentó el caso de una docente que descubría, a través del relato de otro participante en una de las mesas de discusión, el sistema inequitativo en el que estaba inmersa. El corpus que surge de la investigación es un argumento en el largo proceso de discusión que se viene realizando: “ es imprescindible conversar sobre algunas situaciones que no resultan gustosas para algunos, conversar con otros sobre otra forma de pensar las cosas”. Una modalidad para ir desnaturalizando lo arbitrario  y que como práctica, esta especie de tensión escéptica, nos va a ir permitiendo avanzar en contra de todo tipo de desigualdades, no sólo las de género.

Lic. Mariano Barsotti, Prosecretaría de Comunicación y Divulgación Científica de FAMAF