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Vínculo inteligente

Por Carlos de la Vega

En Córdoba se presentaron casos exitosos de vinculación entre los ámbitos universitario y empresario en áreas como inteligencia artificial y computación. De la jornada participaron la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la UNC y el Cluster Tecnológico de Córdoba, entre otras instituciones que debatieron sobre estrategias para mejorar la transferencia del conocimiento al sector productivo.

Agencia TSS – La transferencia de conocimientos entre la academia y el sector productivo es una meta ansiada y un objetivo declarado en la mayor parte del sistema universitario argentino, pero su concreción dista de coincidir con los deseos. La Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FAMAF), de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), buscó transitar este camino con una jornada abierta al público sobre aplicaciones de la inteligencia artificial (IA) que reunió a académicos y empresarios. El encuentro, que se llevó a cabo el pasado viernes 14 de junio en el auditorio del segundo subsuelo de la sede de la Cámara de Industriales Metalúrgicos y de Componentes de Córdoba, también sirvió para mostrar tres casos de vinculación entre la FAMAF y empresas cordobesas.

Además de la FAMAF, participaron de la organización de la jornada Inteligencia Artificial: Desarrollo Local para la Competitividad Global el Centro Científico Tecnológico Córdoba (CCT Córdoba) del CONICET, el Cluster Tecnológico Córdoba (CTC) y la fundación Unidad de Vinculación Tecnológica Córdoba (UVITEC). El evento también contó con el auspicio de la Unión Industrial Argentina (UIA) y financiamiento de la Unión Europea (UE).

Desde marzo de 2018, la FAMAF y el CTC tienen un convenio por el cual dieron origen al Nodo Científico Industrial para la Investigación y el Desarrollo en IA, del que también forma parte el Centro de Computación de Alto Desempeño (CCAD) de la UNC. En el seno del Nodo surgió otro eslabón en la cadena de vinculación universidad– empresa, la Diplomatura en Ciencia de Datos, Aprendizaje Automático y sus Aplicaciones, una iniciativa de formación de corta duración (siete meses) que dicta la FAMAF por fuera de su oferta académica formal, dirigida al sector de las empresas tecnológicas, las reparticiones públicas y los docentes y estudiantes universitarios. La Diplomatura también busca aunar los saberes académicos con los obtenidos en la práctica cotidiana en las empresas, es por ello que su cuerpo docente está constituido tanto por personal de investigación y docencia de la FAMAF como por especialistas del sector productivo.

María José Manfredi, de la Oficina de Vinculación Tecnológica del CCT Córdoba, destacó que “en las TIC hay un sector en Córdoba que está apostando casi permanentemente a la innovación transversal”. Manfredi también enumeró las numerosas herramientas para la vinculación tecnológica con las que cuenta actualmente el CONICET. Entre ellas, enfatizó el programa Investigadores en Empresas, que “permite que un investigador altamente calificado del CONICET tenga su lugar de trabajo en una empresa”, explicó Manfredi, “sin dejar de pertenecer al sistema científico–tecnológico nacional ni entrar en relación de dependencia con dicha compañía”. En estos casos, el CONICET le paga el salario al investigador y la empresa hace un aporte económico equivalente al 50% de su remuneración bruta. Como contrapartida de este tipo de convenios, que tienen una duración de dos años renovables, el investigador puede dedicarse a trabajar en temas de interés de la empresa.

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Francisco Tamarit (izquierda), docente de la FAMAF e investigador y miembro del Directorio de CONICET, hizo un repaso por el origen de los desarrollos en IA, señalando que fue un cambio cualitativo en el mundo de la computación al conseguir “sistemas que en vez de ser programados aprenden de la experiencia, de los datos, de la interacción con el medio”.

Los casos

El primer caso presentado fue la experiencia de Jorge Sánchez, doctor en Computación de la FAMAF e investigador del CONICET, quien hace dos años comenzó a trabajar con el programa Investigadores en Empresas, del CONICET, con la start-up cordobesa DeepVision.

Sánchez es un especialista en visión por computadora y en la extracción de información a partir de imágenes, sean estáticas (fotos) o dinámicas (video). DeepVision ha logrado expandirse hacia Estados Unidos, donde viene trabajando en aplicaciones para ciudades inteligentes (smart cities). Entre las capacidades que ha estado desarrollando se encuentran programas que permiten realizar estudios demográficos a partir de las imágenes captadas por las cámaras de televisión urbanas, realizando estimaciones de indicadores como edad y género de las personas que pasan por los lugares monitoreados. Otra funcionalidad es el control y gestión del tráfico en forma automatizada, y hasta el cálculo de la contaminación potencial del aire en zonas muy específicas de una ciudad a partir del reconocimiento de los modelos y las marcas de los automóviles que circulan por las calles.

A nivel internacional, Sánchez destacó que “la IA ha sido impulsada, tanto por la academia como por la industria. Si uno ve la nómina de los investigadores de estos gigantes [Amazon, Google, Facebook, etc], tienen doble dependencia”, o sea, se está generalizando que estos especialistas trabajen simultáneamente en las universidades y en las empresas.

En el contexto actual de la Argentina, con fuertes recortes presupuestarios a todo el sistema científico tecnológico por parte del Gobierno, la vinculación con empresas privadas permite paliar otro problema: en el universo informático la evolución es muy rápida y los grandes avances y temas de debate se exponen en congresos internacionales, a diferencia de otras áreas de las ciencias en donde el centro de discusión son las revistas especializadas. El magro monto de los subsidios científicos argentinos y la lentitud con la que se otorgan hace casi imposible que los investigadores pueden asistir a esos eventos. Tener un socio empresario permite que éste se haga cargo de esos gastos como aporte en el seno de un convenio de vinculación.

Uno de los obstáculos tradicionales en la ciencia argentina para hacer vinculación con las empresas ha sido la forma en la que CONICET evalúa a sus investigadores, un sistema que se basa primordialmente en las publicaciones internacionales que hacen. En la mayor parte de los rubros productivos, la publicación de investigaciones o desarrollos choca con la necesidad de mantener los secretos industriales y la propiedad intelectual, lo que se transforma en un desincentivo para la colaboración entre academia y empresa. Sánchez explicó que esto no ocurre en el área de computación, donde las publicaciones muchas veces contribuyen a la visibilidad y, por lo tanto, a la promoción de las empresas, por lo que es más fácil compatibilizar ambos mundos. Sin embargo, persisten las dificultades de coordinación entre la necesidad empresaria de obtener resultados en tiempos acotados y los requerimientos de períodos más extensos que tiene la investigación científica para validar sus resultados.

Otro caso presentado fue el de la cooperación entre la FAMAF y Naranja, la mayor emisora y administradora de tarjetas de crédito del país, que comenzó en 2018. El primer proyecto exitoso de esta vinculación no estuvo relacionado con IA sino con computación de alto rendimiento. Con cerca de cuatro millones de tarjetas emitidas y en proceso de expansión hacia otros mercados como el del turismo, banca digital y fintech, Naranja debe procesar y generar cientos de miles de resúmenes digitales cada mes. Aunque había montado en Córdoba un centro de datos (data center) con un alto nivel de equipamiento (hardware), no lograba bajar los tiempos de este proceso. Le llevó el problema a la FAMAF y en dos meses consiguió reducir los tiempos de emisión de los resúmenes en un 60%. “Para el negocio esto significa que el resumen está el mismo día que yo cierro tu tarjeta. Una experiencia de usuario que es un intangible valioso”, expresó Julio Larrechart, gerente de Desarrollo de Sistemas de Naranja.

La experiencia de vinculación con una universidad pública fue sumamente satisfactoria para Naranja. “Tenemos el preconcepto de que si es algo público se va a trabar, pero no. Lo administrativo no fue un obstáculo en ningún momento”, dijo Larrechart.

El gerente de Naranja también hizo hincapié en los problemas que existen para cubrir los puestos de especialistas en temas vinculados a la computación. “El talento humano hoy se está canibalizando, tratando de buscarlo donde no hay y de sacarlo de un lugar para ponerlo en otro. Lo que tenemos que lograr es un ecosistema sano de generación de talento que le permita a la industria un crecimiento genuino”

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“En mis 52 años, nunca existió este abismo entre la disponibilidad de la tecnología y la posibilidad de aplicarlo a problemas reales que tenemos hoy”, dijo Sahade (derecha), acompañado de Larrechart.

Apex es una empresa con sede en Córdoba y operaciones en cuatro países de América Latina, entre ellos Argentina, Chile y Brasil. Se especializa en brindar servicios de atención telefónica de clientes (contact center) a grandes compañías. Con 6.000 empleados, la firma se lanzó a desarrollar un programa para responder en forma automatizada (un bot, en la jerga técnica) consultas de los clientes en forma oral a fin de que pudiera ser empleado en comunicaciones telefónicas. El programa se llamó Alfred.

En los primeros pasos de la automatización de las expresiones, que incluyó la conversión de la voz del cliente a texto para que Alfred pudiera “leerlo”, no hubo mayores dificultades porque es una tecnología muy estándar en el mercado. Pero no ocurrió lo mismo cuando se intentó el procedimiento inverso, de texto a voz, para las respuestas. No sólo había complicaciones en la dinámica de este mecanismo, sino que era necesario obtener una voz del sistema (Alfred) que fuera empática con los clientes humanos. El sistema incluso debía ser capaz de identificar las tonadas y modismos de clientes provenientes de diferentes zonas de Argentina y de otros países, y responder con los mismos registros. La solución vino de la mano de un desarrollo realizado por docentes e investigadores de la FAMAF con un resultado asombroso.

“Cuando uno está en el día a día del negocio la cotidianeidad te absorbe. Necesitamos personas que estén con un pie en cada lado [la academia y la empresa]”, manifestó Humberto Sahade, uno de los dueños de Apex y responsable del área de transformación tecnológica de la empresa. “En mis 52 años, nunca existió este abismo entre la disponibilidad de la tecnología y la posibilidad de aplicarlo a problemas reales que tenemos hoy”, agregó..

Dificultades persistentes

No todo es un camino allanado en materia de vinculación tecnológica. Sánchez recalcó que CONICET es una institución muy centralizada, con epicentro en Buenos Aires, lo que retrasa mucho la firma de convenios de cooperación con las empresas. Lo ejemplificó con su caso personal. Hace dos años que viene trabajando con DeepVision pero recién hace poco más de un mes que se logró formalizar el convenio. También hay cierta rigidez en la estructura de estos convenios que debería revisarse.

Por su parte, Tamarit, en relación con el CONICET, sostuvo que hay “más de 300 unidades de doble dependencia y sólo cinco se ocupan de esta temática [IA]. Hay una incapacidad de reaccionar a tiempo por parte del sistema de ciencia y tecnología”.

En los países más desarrollados es común que las empresas contribuyan fuertemente al fortalecimiento de las universidades. Para Sánchez, es muy importante que en la Argentina las empresas empiecen a tener “otro tipo de diálogo a la hora de plantear la relación con la universidad y no sea sólo ir a buscar cómo resolver un problema, sino tratar de construir una estructura que le dé continuidad en el tiempo a la generación de recursos que [ellas mismas] van a consumir”.

En el cierre de la jornada, Mirta Iriondo, decana de la FAMAF (foto de portada, crédito: Guadalupe Aller), destacó la necesidad de “tomar conciencia que las unidades académicas dentro de las universidades tenemos una responsabilidad primaria de formar profesionales de alto nivel que puedan incorporarse al mercado productivo en su mayoría, y que también se queden en nuestras instituciones para seguir avanzando en el conocimiento y eso lo hacemos con recursos públicos”. “Debemos proteger la universidad pública y su presupuesto”, enfatizó. La vinculación es algo muy positivo, “pero nuestros docentes tienen sueldos bajos y ahí necesitamos también que el sector empresarial entienda la responsabilidad de seguir sosteniendo la educación pública para que esta sinergia entre lo público y lo privado exista, y que se pueda preservar el nivel de nuestro investigadores y acrecentar la capacidad de resolver problemas y volcar a la sociedad nuestros conocimientos”, concluyó Iriondo.