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TRIANGULAR EL DESARROLLO

La triangulación es la técnica que, a partir de algunos datos conocidos, busca determinar la posición de puntos desconocidos. La inteligencia artificial, la computación de alto desempeño y el manejo de grandes volúmenes de datos (big data) son una de las más potentes fronteras científicas y tecnológicas, cuya aplicabilidad a la cotidianidad de las personas recién comenzamos a vislumbrar y ya nos maravilla.

Estos tres campos de la computación no son lo mismo pero sí complementarios. Su importancia viene dada no solo por el aporte que realizan al desarrollo tecnológico sino porque poseen una formidable capacidad de penetrar en todos los sectores de la industria y los servicios transformándolos de forma hasta hace poco tiempo impensada.

Ello genera consecuencias económicas, sociales y geopolíticas de enorme importancia. La disputa entre Estados Unidos y China por Huawei y la tecnología de transmisión celular 5G es una de ellas. También lo es el anuncio realizado hace tres años por la empresa alemana Adidas, de que volvería a producir zapatillas en su país de origen luego de casi dos décadas de fabricación deslocalizada en países del sudeste asiático con bajos salarios.

El hito de volver a producir en Alemania se logró a partir de fábricas totalmente robotizadas.

En 1968 el físico argentino Jorge Sábato y el politólogo Natalio Botana formularon un modelo de interacción entre tres vértices: gobierno, infraestructura científicotecnológica (academia y organismos de ciencia y técnica) y sector productivo, como base para el desarrollo y la innovación en materia tecnológica. El modelo pasó a ser conocido internacionalmente como el “Triángulo de Sábato”. Dos décadas después el norteamericano Henry Etzkowitz y el holandés Loet Leydesdorff lo perfeccionaron en su modelo de la Triple Hélice (gobierno, academia, industria) que hoy es el estándar explicativo de la innovación en países a la vanguardia del desarrollo.

Argentina perdió en los últimos 150 años dos “olas” de desarrollo. Primero, la de principios del siglo 20 y luego la de la segunda posguerra. En aquella, la causa fue la creencia fundamentalista de que los recursos naturales abundantes bastan para motorizar el avance de una sociedad. En la segunda se pretendió forzar un retorno al pasado para mantener los privilegios de una minoría. Hoy, de la mano de las tecnologías de la comunicación y la computación, el país cuenta con una posición muy promisoria para consolidar uno de los sectores más dinámicos de las economías contemporáneas.

En ese contexto, Córdoba se sitúa como el segundo polo informático de la Nación. Desde la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Famaf) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) venimos haciendo un trabajo sostenido de vinculación con los sectores productivos cordobeses que es la materialización del Triángulo de Sábato o de la Triple Hélice. Este relacionamiento se plasma a través de acuerdos con empresas y agrupamientos sectoriales. Un caso a destacar es el Cluster Tecnológico Córdoba, con el cual hay un convenio que incluye al Centro de Computación de Alto Desempeño (CCAD) de la UNC. De este vínculo surgió una propuesta de capacitación focalizada y rápida para personal de empresas tecnológicas, del Estado, estudiantes y docentes: la Diplomatura en Ciencias de Datos, Aprendizaje Automático y sus Aplicaciones.

La vinculación tecnológica es uno de los roles fundamentales de la universidad pública para poner a disposición de la sociedad el acervo de conocimientos y capacidades surgidas de la docencia y la investigación. Esta práctica es habitual en los países desarrollados, pero en los que no lo son es usual la desarticulación entre el mundo de la academia y el de la producción.

Enfoques y dinámicas como las que venimos aplicando en la Famaf, con resultados concretos (por ejemplo, el nuevo proceso de emisión de resúmenes digitales de Naranja en el que colaboró nuestra facultad) es uno de los caminos para no perder una nueva “ola” de desarrollo. Pero en esto no hay éxitos individuales, ni siquiera sectoriales. Sin un Estado activamente presente, claridad dirigencial y un empresariado comprometido no será factible poner en marcha el “triángulo” para construir sobre él nuevos basamentos para nuestra sociedad.

Mirta Iriondo

Decana del FAMAF de la UNC